Los trabajadores del cobre y organizaciones sociales cercan el frontis corporativo en Santiago.

la culminación de un despojo que comenzó bajo Pinochet y que los gobiernos posteriores no revirtieron
Santiago. Frente al edificio corporativo de Codelco, en pleno centro de la capital, se congregaron este lunes cerca de doscientas personas —dirigentes sindicales, estudiantes, parlamentarios, alcaldes y gobernadores— convocados por el Sindicato Chuquicamata, la organización más numerosa de la división cuprífera, con 1.300 trabajadores afiliados. El motivo: frenar los planes de privatización total o parcial que la administración de La Moneda evalúa para la principal empresa del Estado.
No fue un acto aislado. Junto a los mineros de la estatal se plegaron sindicalistas de la minería privada —incluidos trabajadores de BHP—, la presidenta de la FECH y la Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores, cuyo presidente, Andrés Troncoso, llamó a construir una unidad que no se limite a resistir, sino que avance hacia el fortalecimiento de la empresa estatal. El mensaje de fondo, más allá de las consignas, es de clase: quienes producen la riqueza del cobre reclaman incidencia sobre su destino, frente a un gobierno dispuesto a transferirla a manos privadas.
Una privatización que ya lleva medio siglo en marcha
Lo que se discute hoy no es un giro repentino, sino la continuidad de un proceso que arrancó hace más de cuatro décadas. Codelco nació de la nacionalización del cobre impulsada por el gobierno de Salvador Allende en 1971, uno de los actos de soberanía económica más significativos de la historia reciente de Chile. Ese proceso comenzó a revertirse en dictadura, en 1981, con la apertura de concesiones mineras prácticamente ilimitadas a capitales privados. Al iniciarse los gobiernos civiles todavía quedaban dos tercios de la actividad cuprífera en manos del Fisco; hoy esa cifra se redujo a apenas un 25%, mientras el resto quedó en poder de transnacionales mineras.
Ese dato —más que cualquier consigna del día— es el que la movilización busca instalar en la conversación pública: la privatización de Codelco no sería un hecho nuevo, sino la culminación de un despojo que comenzó bajo Pinochet y que los gobiernos posteriores no revirtieron. Leído así, el conflicto actual no es solo una disputa sobre "vender o no vender" una empresa, sino sobre quién se queda con la renta de un recurso estratégico: el Estado y los trabajadores que lo explotan, o el capital transnacional que ya controla tres cuartas partes del mineral.
De Huérfanos a La Moneda
Tras los discursos frente a la sede corporativa, en pleno paseo Huérfanos, los asistentes marcharon por Ahumada hasta el Palacio de La Moneda, donde una comisión de dirigentes sindicales hizo entrega de una carta dirigida al gobierno. Durante la tarde, el Sindicato Chuquicamata sostuvo además reuniones bilaterales con distintas organizaciones sociales y políticas para coordinar los pasos que vendrán: los dirigentes anunciaron que la defensa de Codelco no se agota en un acto, sino que proyectan nuevas movilizaciones en los próximos meses.
La escena —banderas de la Central Clasista, cascos de trabajadores mineros, lienzos exigiendo "defender y fortalecer Codelco"— condensa algo que los medios hegemónicos tienden a presentar como un tecnicismo de política pública: la eficiencia, el financiamiento, la "modernización" de la estatal. SOMOSINCIDE.CL entiende que detrás de ese lenguaje técnico hay una relación de poder concreta, y que ninguna decisión sobre el cobre chileno es neutral. Lo que está en disputa, una vez más, es quién decide sobre la principal riqueza del país: el pueblo trabajador organizado, o los intereses que durante cuarenta años han ido corriendo la cerca hacia el capital privado.
Fuente de imágenes y datos del acto: liberacion.cl.
