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la carta a "Alberto"

Equipo Editorial SOMOS INCIDE 11 de septiembre de 2026
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la carta a "Alberto"

"nos volveremos a ver y el mundo transcurrirá para nosotros" — Cristián Guajardo Leiva

Amado mío:

Te escribo esta carta con un lápiz a tinta que no he usado hace treinta y cinco años (para mi sorpresa, escribe como si el tiempo transcurrido hubiese sido un breve pestañear). No es que flaquee, mi hermoso Alberto, no es que la desesperanza anide en mi corazón, no, solo quiero dejarte estas palabras para cuando vuelvas, para cuando la pesadilla de tu desaparición acabe y llegues como si volvieras del trabajo, y me abraces Alberto de mi alma, y me abraces y beses con esa fuerza solo tuya.

Beto amor, estoy ya vieja, un poco enferma, mis ojos que tanto te gustaban se me han vuelto un poco tristes. ¿Me querrás así? ¿Te gustará ver a tu mujer hecha una especie de sombra? Ya ni tengo ganas de mirarme al espejo, me da terror verme fragmentada en ese reflejo que no mentirá.

Alberto, quiero decirte, por si vuelves y yo, por esas cosas, he dejado de transitar por esta vida entre comillas, quiero decirte que nunca dejé, un segundo de estos malditos días, nunca dejé de amarte. Es el amor que te tengo el que me levanta en las mañanas y me da la fuerza para continuar, para seguir buscándote, para seguir ansiando esa verdad que se me ha ocultado desde los tiempos del terror. Porque mi consuelo no es ver tu nombre tallado en un memorial, no es ver tu rostro en una pared vecina. No, mi lucha es volver a verte. Volver a verte.

Hombre mío, yo sé que algún día nos encontraremos, quizás convertidos en fugaces pajarillos que cruzan raudos el cielo que se abre para nosotros. Quizás seremos colores de un arco iris que aparece después de una breve lluvia de abril. O juntitos de la mano seremos el oleaje continuo de alguna hermosa playa.

Yo sé que nos volveremos a ver, quizás convertidos tú en mariposa posándose en mí, yo una rosa color fucsia. Te imagino brisa sureña, Alberto, y yo el bosque entero acurrucándote en la tardes. ¿Sabes? desde hace años dejo la puerta de nuestra casa sin el pestillo. Tanta veces he soñado que llegas de noche, calladito, y te recuestas lentamente a mi lado, como queriendo no despertarme. Y yo abro mis ojos, esos que tanto te gustaban y te encuentro con esa sonrisa que llenaba mi alma, y te beso como te besé esa última vez, cuando ibas al trabajo, y te beso como esa última vez en que me quedé con mis labios tibios de ti y un extraño apretar en mi pecho. Yo sé, eso sí que lo sé, que esa no fue la última vez; porque nos volveremos a ver y el mundo transcurrirá para nosotros.

Cielito, estoy vieja, un poco enferma, cada día me cuesta más ir a comprar al almacén. Cada día me cuesta más entrar a nuestra habitación y encontrar solo una fotografía tuya. Cada vez me cuesta más vivir con ese vacío que dejaste en esta casa, en este pecho, en esta vida. Alberto, no es que la desesperanza me haya hecho su presa; solo se me ocurrió agarrar el lápiz que olvidaste aquel día y escribirte, con esta tinta que soportó, como yo, vivir sin su dueño, escribirte que te amo, sí, que te sigo amando como hace treinta y cinco años. Te sigo amando. Rosa. Tu Rosa.

Cristian Guajardo Leiva 2do lugar

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