La memoria puesta en movimiento

A 53 años del golpe, la memoria histórica se conecta con las huelgas y movilizaciones que hoy recorren Chile.
¡A 53 AÑOS DEL GOLPE MILITAR!
El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas al mando de Augusto Pinochet, con el respaldo de la burguesía criolla y del imperialismo norteamericano, derrocaron al presidente Salvador Allende, dando inicio a la más brutal represión para desarticular las organizaciones populares y descabezar a los cuadros sindicales, políticos y sociales del movimiento popular: miles fueron asesinados, hechos desaparecer, torturados, encarcelados o enviados al exilio. Con la derrota del proyecto de la "vía pacífica al socialismo" se abrió paso a nuevas relaciones sociales y económicas orientadas a una mayor acumulación de capital por parte de los poderosos, frenando el avance de la clase trabajadora.
De ese proceso —el desarme político de la clase trabajadora, la confianza depositada en la institucionalidad y en las Fuerzas Armadas, la desarticulación de experiencias de poder popular como los Cordones Industriales y los Comandos Comunales— queda una lección central: la memoria histórica no puede quedarse solo en el recuerdo del horror, sino que debe traducirse en organización concreta para que la historia no se repita.
La memoria puesta en movimiento
Esa lección cobra actualidad. Chile transita hoy bajo un gobierno al servicio de las clases dominantes y del gran capital que ha hecho de la austeridad y el ajuste su sello, y la respuesta de distintos sectores ha sido organizarse: trabajadores de la minería y de call centers en huelga, paros docentes y movilizaciones estudiantiles contra los recortes en educación, y una fuerte presencia sindical y social que en días recientes salió a las calles a rechazar la instalación en Santiago de una cumbre de la ultraderecha internacional. A esto se suma un dato que resume la precariedad de fondo: la mitad de los trabajadores en Chile gana menos de 700 mil pesos líquidos al mes.
Son luchas todavía dispersas, sector por sector, como lo fueron en 1973 antes de que la clase trabajadora lograra —tarde y de forma desarticulada— construir sus propias herramientas de poder popular. La tarea de hoy es no repetir esa dispersión: tender puentes entre los sindicatos en huelga, el movimiento docente y estudiantil, y las organizaciones territoriales, para que cada conflicto particular se transforme en un mismo proyecto colectivo.
Construir desde la memoria
Levantar ese proyecto (programa) pasa por tareas concretas: coordinar a las organizaciones sindicales que hoy están en conflicto en una instancia común de encuentro y solidaridad activa; impulsar asambleas y comités de base en los lugares de trabajo y en los barrios que discutan un programa propio de la clase trabajadora, no subordinado a la agenda de otros sectores; y disputar, con esa fuerza organizada, un horizonte político que apunte a un Gobierno de los Trabajadores. Esa es, 53 años después, la forma más concreta de honrar a quienes lucharon y cayeron el 11 de septiembre de 1973: no solo con memoria, sino con organización.
Corriente Popular Incide